El sol también brilla en Bariloche

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Cuando en la ventanilla del avión que nos trae desde Buenos Aires aparece la majestuosidad del lago Nahuel Huapi con sus riberas arenosas que contrastan con las cumbres cubiertas de nieve, entramos de lleno al verano en San Carlos de Bariloche.

La estación estival, que aquí en la Patagonia argentina, a diferencia del hemisferio norte, se da a finales y principios de año, no es una época usual para hacer el turismo que busca el sol.

Bariloche es por excelencia un destino invernal, donde los deportes de nieve son los reyes y el cerro Catedral, que aún durante gran parte de la primavera y el verano (temporada que termina el próximo 20 de marzo) mantiene su cima blanca, es testigo de ello.

Ahora se acerca el otoño (del 21 de marzo al 21 de junio), época en la que el frío empieza a aparecer de nuevo, sin quitarle brillo al sol.

Con una altura de 1.030 metros y a escasos 45 minutos de la ciudad, es uno de los sitios favoritos de los esquiadores de diversas partes del mundo, gracias a una gruesa capa de nieve que les permite deleitarse practicando deportes como snowboard y esquí estilo libre.

Bariloche tiene la zona de esquí más grande de América Latina en el cerro Catedral, visitada por cientos de turistas. Jaiver Nieto / EL TIEMPO

Pero más allá de la nieve, Bariloche ha descubierto una mina de oro en las actividades que los paisajes, lagos, ríos y montañas ofrecen a los visitantes en la primavera y el verano.

Una Patagonia fría y gris da paso, a mediados de septiembre, a otra agreste y soleada, y se transforma en un sitio único para el ecoturismo cinco estrellas. Lujo y naturaleza se unen para brindar una experiencia única.

La vida de Bariloche gira en torno al Nahuel Huapi, una enorme zona lacustre de aproximadamente 557 kilómetros cuadrados, producto del deshielo de las altas cumbres y zonas glaciares.

Cada rincón del lago Nahuel Huapi desborda de naturaleza agreste, que el sol se encarga de transformar durante la primavera y el verano en un lugar único. Archivo particular

El lago, en el que según sus habitantes habita una criatura prehistórica a la que llaman Nahuelito (una especie de dinosaurio al que, incluso, se le relaciona con el monstruo del lago Ness, en el Reino Unido), pertenece a las provincias Neuquén y Rionegro y hace parte del parque natural nacional que lleva su mismo nombre.

Un permanente color azul turquesa, variedad de islas y paisajes hacen del Nahuel Huapi el sitio ideal para alejarse del trajín citadino y entregarse al relax, la contemplación y las actividades al aire libre.

Un buen lugar para disfrutar de este atractivo es el hotel Tunquelén, a orillas del lago y a solo media hora de la ciudad. Es un confortable chalet al estilo suizo desde donde se puede recorrer, en yate o lanchas, el gran espejo de agua y contemplar sus alrededores.

Los estilos europeos dominan la arquitectura, tanto en viviendas como en locales.

Tunquelén está cerca de todo: de los pubs, de las famosas chocolaterías artesanales de Bariloche, de los restaurantes, y es la base ideal para animarse a conocer los alrededores, lagos escondidos, ríos, bosques y una naturaleza casi virgen.

Lagos escondidos, ríos, bosques y una naturaleza casi virgen hacen parte de este rincón de la Patagonia argentina.

Es verano y hay un abanico de actividades más amplio que en invierno, y lo mejor es que hay tiempo de sobra: el sol se esconde hacia las 9 de la noche.

Salga del hotel y aventúrese a hacer trekking, o no pierda la oportunidad de hacer canotaje por los rápidos del río Manso, a practicar windsurf, a conocer algún refugio en la montaña o a montar en bicicleta y explorar la flora por caminos destapados, siempre bajo la tutela de las montañas nevadas y, eso sí, en compañía de un guía experto.

Carnes y chocolates

La gastronomía patagónica es tan vital y famosa como la porteña. Una buena recomendación es el restaurante Cassis. Atendido por sus propietarios, ofrece una amplia carta de carnes y pescados de la región, como trucha y salmón, siempre acompañados de un buen vino.

El restaurante, como muchos locales de la zona, tiene su propio huerto. De allí salen muchas de las verduras y frutas para sus preparaciones.

Tal vez lo mejor y más auténtico son sus ensaladas. Con ingredientes exóticos, como algunas flores comestibles, están adobadas con unas exclusivas y exquisitas vinagretas de la casa, las cuales también están a la venta de los comensales y visitantes.

Y para que no pierda contacto con los carros, las muchedumbres y el asfalto, el centro de la ciudad es una buena alternativa después de unos días de abundante naturaleza.

El plan es ir a comer chocolate, que aquí se ofrece en una fuente infinita de formas, sabores y tamaños; tomarse una cerveza artesanal en los pubs locales, disfrutar una pizza o una jugosa carne, o simplemente sentarse a la orilla del lago con un chocolate caliente y extasiarse con la paleta de colores que despliega la puesta del sol.

Otro plan que vale la pena es embarcarse en un yate y llegar a la Hostería Isla Victoria Lodge, en la isla más grande e importante del Nahuel Huapi.

El lago Nuhuel Huapi se puede recorrer en yate, lanchas o grandes catamaranes, en expediciones que le permiten al visitante contemplar este gran espejo de agua y sus alrededores.

Con 31 kilómetros cuadrados, es un privilegio que no se puede dejar pasar cuando se viaja hasta el fin del mundo.

Con amplias playas en sus alrededores, donde las aguas son un poco más cálidas, y senderos con pinturas rupestres de los puelches (comunidades indígenas que habitaron la zona), la isla es una reserva natural que no encontrará en otro lugar de Bariloche.

La hostería es la única permitida por el Gobierno argentino en la isla. Es un chalet en piedra y madera, en una parte alta de la isla, destinado a un selecto número de visitantes. Con alrededores imponentes, la naturaleza es el único límite, y se puede disfrutar de ella en todo su esplendor realizando excursiones, recorriendo senderos enmarcados por enormes árboles o paseando en bicicleta por caminos que parecen infinitos. También se puede llegar en lancha a islas cercanas e incluso alcanzar el Pacífico chileno.

Y si es amante de la pesca deportiva o desea disfrutar de esa experiencia, no se despida de Bariloche sin hacerlo.

La temporada de pesca es una de las actividades más populares entre noviembre y abril en el Nahuel Huapi y toda la zona lacustre.

Después de pescar una trucha de arroyo o una trucha marrón o, por qué no, un enorme salmón, podrá decir que su experiencia veraniega en Bariloche está completa.

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