Puerto Rico: la isla que lo tiene todo

Redacción
El Tiempo

Puerto Rico enamora, cautiva, entretiene, divierte e inspira. Cinco días en la isla fueron suficientes para comprender que títulos como ‘la isla del encanto’ o la ‘isla estrella’ cobran vida en cada uno de sus rincones. Cinco días, aunque hubiera deseado que fueran más.

¿Qué tiene Puerto Rico que se puso de moda entre los colombianos? ¿Por qué es el país invitado de honor a la vitrina de Anato?

“Es un destino que no ha estado en el radar de los colombianos, por eso buscamos estar entre las primeras opciones a la hora de planear las vacaciones”, dice Íngrid Rivera, directora de la Compañía de Turismo de Puerto Rico.

Además, explica, las condiciones de acceso a la isla han mejorado gracias al vuelo directo de Avianca –que tarda un poco más de dos horas–, que comenzó en mayo del 2013 con una frecuencia semanal y ya va en cinco. De hecho, las visitas de colombianos se incrementaron en un 79 por ciento en el 2014, respecto al 2013.

Pero lo más importante, explica la funcionaria, es que los colombianos están descubriendo un destino que lo tiene todo: una ciudad patrimonial como San Juan, playas paradisíacas, hoteles para todos los gustos y bolsillos, gastronomía, aventura, naturaleza virgen, una interesante movida nocturna y compras al mejor estilo –con los buenos precios– de los centros comerciales de Miami.

San Juan es una ciudad antigua y moderna a la vez. En el Condado, el sector moderno, se siente fuerte la influencia de Estados Unidos en la modernidad de los edificios y la infraestructura de vías y puentes. Es fácil sentirse en Miami. Aquí todos hablan inglés y español. Se paga en dólares. No en vano, es un estado asociado de Estados Unidos desde 1911. Y aunque no es un destino barato, hay servicios turísticos para todos los gustos y presupuestos. Estos son tres planes que no se debe perder si visita la Isla del Encanto. Pero si tiene más tiempo y presupuesto, dedíquese a conocer el país entero, pues no es muy grande y sí hay mucho para conocer y disfrutar.

En mi viejo San Juan

El Viejo San Juan, el centro histórico de la capital puertorriqueña, invita a caminar sin rumbo fijo por sus calles empedradas y estrechas, por sus casonas de colores vibrantes de las que cuelgan flores, por sus murallas bañadas por un Atlántico muy azul. El mar sopla una brisa fresca que apacigua el calor que hace todo el año en la ciudad.

Pero vale la pena pedir un mapa, que los dan gratis en cualquier punto de información, para no perderse nada. El recorrido comienza en la Plaza Dársenas, donde los sábados, en las noches, se reúne un grupo de abuelos a cantar boleros y a bailar salsa. Ahí comienza el Paseo de la Princesa, un camino de árboles inspirado en el Paseo del Prado, de Madrid.

La Princesa era una cárcel y hoy es sede de la Compañía de Turismo de Puerto Rico, un edificio histórico donde hay una galería permanente con obras de artistas locales. Al final del paseo se levanta un monumento que brota de una fuente y que les rinde tributo a las raíces puertorriqueñas. Y ahí comienza el sistema de murallas que custodia la ciudad, cuya construcción culminó en el siglo XVIII. A la izquierda se ven los enormes cruceros que atracan en San Juan y las olas del mar reventando en las paredes de piedra tostadas por el sol.

Los cruceros que salen desde San Juan. José Mojica.

Verá muchos gatos. En el Viejo San Juan no hay perros callejeros, pero sí muchísimos gatos que la gente quiere y cuida, y que los turistas pueden adoptar. Verá una portada roja de piedra que sirve de entrada al casco histórico. El camino lo llevará hasta El Morro, que es una impresionante y bellísima fortificación construida por los españoles para proteger la ciudad, con el océano de fondo. Una explanada verde, que parece un estadio de fútbol, sirve de antesala. Muchos viajeros descansan o improvisan un picnic. En línea recta llegará hasta el Castillo de San Felipe del Morro, que vigila la entrada a la bahía de San Juan. Es una de las fortificaciones más grandes del Caribe, producto de 250 años de ingeniería de los colonizadores, que se ha conservado con esmero. La entrada cuesta cinco dólares y también sirve para visitar el Morro. El sol se empieza a ocultar en el mar, que se pinta de naranja, rojo y morado. Aquí, dicen con razón, se ve el mejor atardecer de todo San Juan. Ahora sí vale la pena perderse por estas calles, que recuerdan a Cartagena, a La Habana, a Madrid. De cualquier manera llegará hasta la Plaza Felisa Rincón de Gautier, el lugar ideal para resguardarse del sol. La placita, cobijada por árboles centenarios, rinde homenaje a la activista puertorriqueña recordada como la primera mujer alcaldesa de una ciudad en toda América. En las sillas es común encontrarse libros y lecturas que la gente deja como un presente para los vecinos o turistas. Se imponen dos raras pero bonitas esculturas: el gallo luna y el gato jirafo.

La plaza Felisa Rincón de Gautier. José Mojica.

La catedral y otros encantos del centro histórico

No deje de visitar la catedral, de fachada blanca, que habla de lo católicos que son los puertorriqueños. Pasará por la Plaza de Armas, repleta de palomas; se fascinará con las tiendas de artesanías y con las galerías que exhiben máscaras y coloridos cuadros caribeños.

Si usted va

Comida. No deje de probar mofongo (amasijo de plátano que se sirve con carnes) y lechón asado.
Rumba. Para escuchar o bailar salsa, en San Juan, se recomiendan Nuyorican Café y Latin Roots.
Transporte. Las carreras en taxi son costosas. La mínina cuesta 15 dólares. Pero es fácil moverse en transporte público (guaguas); el pasaje cuesta 75 centavos de dólar, pero hay que pagar en monedas.

Playa Flamenco, una de las más bellas del mundo

En Isla Culebra queda el paraíso. Uno de los tesoros más sagrados de Puerto Rico.

Puerto Rico ostenta playas maravillosas en toda la isla. Pero una de las más bellas es Playa Flamenco, ubicada en Isla Culebra. Los viajeros de TripAdvisor la eligieron como la tercera playa más hermosa del mundo, después de Bahía Do Sancho, en Brasil y Bahía Grace, en las Islas Turcas y Caicos.

Para llegar, desde San Juan, lo más recomendable es hacerlo en una avioneta de la compañía Vieques Air Link, que se debe tomar desde el aeropuerto Isla Grande, en San Juan. El vuelo dura 25 minutos. La panorámica: un mar azul y verde, cristalino, que se cuela entre islas, cayos e islotes. El tiquete, ida y vuelta, cuesta 80 dólares. También se puede ir en ferry, pero el traslado dura cuatro horas; sale desde Río Piedras, a media hora de San Juan.

En el aeropuerto de Culebra puede alquilar un carro o una bicicleta, o tomar un taxi colectivo que cobra tres dólares por pasajero.

Al llegar encontrará una plazoleta donde venden cocteles, pizzas artesanales y brochetas de pollo o cerdo. Un caminito lo llevará al paraíso: un mar cristalino y sereno. La playa, larga y amplia, de arena como polvo de escarcha, es uno de los secretos mejor guardados de los viajeros más experimentados. Si llega en la mañana encontrará máximo diez personas.

No hay música ni vendedores. Y aunque con el paso del día van llegando más visitantes, nunca hay bulla. Una montaña verde rodea esta isla salvaje que te acoge y te hace sentir privilegiado. Dan ganas de quedarse aquí para siempre.

Adrenalina pura en Toro Verde

En este parque temático queda el canopy más largo del mundo. Para los más aventureros.

Puerto Rico no solo es un destino para aquellos que buscan sol y playa. También llama la atención de los más aventureros, que tienen en el parque temático Toro Verde, a una hora de San Juan, el lugar ideal para vivir experiencias fuertes. Queda en el municipio de Orocovis. Es un bosque tupido, de árboles frondosos y altísimos, atravesado por ocho circuitos de canopy –que aquí llaman ziplines-. No es recomendado para cardiacos, pero tampoco hay que ser un deportista extremo. El primero es el más corto y el de menos altura; pero mientras se pasa de una línea a otra, aumentan la longitud de las cuerdas, la velocidad del recorrido y la altura.

Pese al susto y a la adrenalina que se disparan, en cada trayecto se aprecia un paisaje que quita el aliento.

Los turistas viven emociones fuertes mientras contemplan paisajes que quitan el aliento. Archivo particular
Vale aclarar que en el parque no ha existido ni un solo accidente y que las medidas de seguridad son rigurosas. El recorrido más exigente, y solicitado a la vez, se llama –con toda razón- ‘la Bestia’. Con una longitud de 4,745 pies (1.5 kilómetros), está catalogado como el más grande del mundo. Se recorre en menos de un minuto, así que imaginen la velocidad que se alcanza.

En este recorrido ajustan al turista con un traje especial, mirando bocabajo, para que pueda ‘volar’ como un pájaro. Los árboles se ven pequeñitos, pues la altura es de 258 metros.

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