Diálogo, el arma de Evo Morales para conquistar a su mayor adversario

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BOLIVIA. ¿Cómo convertir a un enemigo político en un aliado? Ésa es la historia de la relación entre Evo Morales y el rico oriente boliviano, región que, hace cinco años, incluso acarició un sueño independentista al precio de mucha sangre y varias vidas, y donde hoy, según todos los sondeos, el presidente tiene asegurado más del 50% de los votos para los comicios del domingo próximo por un tercer mandato.

Anoche Morales se dio incluso el lujo de cerrar su campaña electoral aquí, en Santa Cruz de la Sierra, la ciudad más rica del Oriente, un antiguo bastión opositor donde el mandatario ahora juega de local.

“Nunca voté por Evo”, confiesa casi con orgullo a LA NACION el presidente de la Cámara Agropecuaria del Oriente, Julio Roda Mata, que en 2008 formó parte de los piquetes que bloquearon las rutas de la región en repudio del gobierno.

Roda lidera un sector que produce el 72% de los alimentos del país y el 14% del PBI, y puede contar en primera persona el proceso de “conversión” de Morales de un líder agresivo y en confrontación permanente al jefe de Estado capaz de sentarse a dialogar con el sector privado para transformar a Bolivia en el segundo país más pujante de la región, después de Perú.

Roda asegura que en los años turbulentos en que Morales había enviado a las fuerzas armadas para reprimir el violento levantamiento del Oriente recibió un “reto” del ex presidente brasileño Lula da Silva y del paraguayo Fernando Lugo. “Tenés que aliarte con la empresa privada”, le habría dicho el paraguayo, según le confesó el propio Morales al dirigente agropecuario.

Y el presidente comenzó entonces a dialogar y escuchar varios reclamos del sector. De las 156 propiedades productivas que habían sido ocupadas por los movimientos indígenas cercanos al gobierno, hoy sólo quedan unas 20. El gobierno obligó también por ley a los bancos a que el 20% de su cartera de clientes deben ser empresas agropecuarias. Y la cámara tiene acordadas reuniones bimensuales para poder plantear sus inquietudes al vicepresidente.

“Al principio había desconfianza mutua, pero poco a poco empezamos a entendernos”, explica el doctor Roda. “Yo le digo una cosa -concluye el dirigente agropecuario-. El empresario que diga ahora que no está ganando plata miente. El país ha alcanzado una estabilidad económica impresionante.”

La principal fuente de riqueza de toda esta región, y de Bolivia también, es sin dudas el gas. Pero para percibir el entusiasmo de todo el Oriente con el Movimiento al Socialismo (MAS) es cuestión de mirar nomás la línea de edificaciones en el horizonte santacruceño. Esta ciudad, que siempre fue rica, pero en términos de un país pobre como fue Bolivia, vive hoy también un boom de la construcción, especialmente de torres y barrios privados.

El gerente general de la Cámara de la Construcción de Santa Cruz, Javier Arze, señaló a LA NACION que en el último año la cantidad de metros cuadrados en construcción se incrementó el 32%. “Lo más impactante es el crecimiento de los centros comerciales. En un año aumentó 13 veces la cantidad de metros cuadrados, de 18.000 a 245.000.”

Santa Cruz es hoy la segunda ciudad entre las que más crecen demográficamente en América latina y la número 14 en el mundo, y hasta fue elegida sede de la Cumbre Iberoamericana y del G-77.

Entre otras obras para acoger la enorme inversión inmobiliaria fue necesario construir un nuevo puente sobre el río Piraí, que bordea la ciudad, para unirla con el barrio de Urubó, donde abundan las casas con jardines y piletas edificadas en los últimos años a un precio de 2300 dólares el metro cuadrado.

Las consultoras de opinión fueron siguiéndole el pulso al fenómeno del aumento de la popularidad del gobierno. A nivel país, los sondeos indican que Morales obtendría este domingo el 59% de los votos, seguido por el empresario cementero Samuel Doria Medina, con el 18%. En Santa Cruz de la Sierra específicamente, el MAS había alcanzado en 2005 el 33% de los votos; en 2009, el 40%, y ahora superaría el 50%, según el último sondeo de Ipsos.

“Los votantes percibieron que Morales dejó de tener un discurso agresivo hacia la región -explica Patricia Vargas, de Ipsos-. El gobierno comenzó a mostrarse en diálogo con los dirigentes locales, inaugurando juntos obras de infraestructura para esta zona y ocupándose de lo que a la gente le interesa.”

De todas maneras, la población de Santa Cruz de la Sierra, donde apenas un 37% es indígena, se sigue reconociendo bien diferente a la de La Paz, donde el 77% es indígena, y tiene una organización económica totalmente distinta. Pero la bonanza económica y el discurso amistoso del gobierno apaciguaron los contrastes, y Morales se está asegurando en esta región un sólido respaldo para su próximo mandato.

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