Francia se hunde en una crisis a pocos días de la Eurocopa

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Hablar de protestas y movilizaciones en Francia no es algo nuevo. Ese espíritu contestatario que ha identificado a los franceses por siglos ha quedado plasmado en diferentes momentos históricos, como el que precisamente están viviendo desde hace casi cuatro meses a raíz de una polémica reforma laboral que quiere implementar su presidente, François Hollande, y que deja sin piso muchos de los beneficios que tienen los trabajadores en la actualidad.

Ese profundo malestar generado en la sociedad y que tiene a Francia a punto del colapso a tan solo dos días de que comience la Eurocopa 2016 de fútbol y a menos de un año de las elecciones presidenciales, ha sido liderado por Philippe Martínez, el secretario general de la Confederación General del Trabajo (CGT), un líder sindical del que hace poco no se conocía prácticamente nada.

Martínez, cuenta con el respaldo de 1,2 millones de personas que han salido a las calles a manifestarse en contra de la medida y con el apoyo de los sindicatos de las empresas de los sectores energético, puertos, transportes, petróleos, basuras, entre otras, que llevan semanas en huelga y amenazan con poner en aprietos el país entero a días de uno de los eventos deportivos más importantes, y donde está latente una alerta del Reino Unido y Estados Unidos por posibles ataques terroristas en algunos de los estadios o en otros puntos de aglomeración de personas. Y es que este apoyo tendrá efectos en la imagen del país y dentro de la presión hacia el Ejecutivo, como lo explican algunos analistas.

Por otro lado,  en el sector de los transportes siguen las negociaciones en Air France para intentar evitar una huelga entre el 11 y el 14 de junio. Los turistas y ciudadanos seguirán con dificultades para transportarse en el sistema de trenes y metros, en las calles se verán acumuladas las montañas de basura a raíz de la protesta de los tres principales centros de acopio y tratamiento, se mantendrán las interminables filas en las estaciones de servicio por la falta de combustible y, lógicamente, los franceses saldrán de nuevo a las calles para protestar por una medida que, aunque todos saben que se debe tomar para mejorar la ahora frágil economía del país, casi nadie quiere aceptar.

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