La niña que recibe regalos de las aves

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Una niña que vive en Seattle tiene un tesoro singular que literalmente le vino del cielo.

Según el relato de la televisora BBC, Gabi Mann, de ocho años, es una amante de los pájaros, y en particular de los cuervos. Cuando tenía cuatro años y bajaba de su automóvil, un pedazo de la comida que estaba consumiendo cayó al suelo y un cuervo llegó rápidamente hasta allí para apoderarse del alimento. Otros la veían de lejos, como anhelantes de más alimento. Al paso de los años la niña comenzó a compartir con esas aves parte de su almuerzo escolar, y los cuervos comenzaron a llegar hacia ella, a seguirla, esperándola cuando volvía a casa con la esperanza de conseguir una nueva delicia.

Y llegó un momento, en 2013, según cuenta la BBC, que Gabi decidió dar de comer a las aves diariamente, con una dieta que va desde comida enlatada para perros hasta maní y agua fresca. Cada día cerca de la casa de la pequeña el cielo comienza a oscurecerse de aleteos y los cuervos, sabedores del manjar que les espera, comienzan a llegar, a mirar desde lo alto de un cable eléctrico o un árbol a la niña benefactora. Y en un momento descienden, consumen la comida y como gentiles comensales dejan, como gran maravilla, una suerte de propina o de retribución por la generosidad de Gabi. Un vidrio brillante, una roca pulida, incluso un anillo perdido, cuenta la BBC.

Algunos de los objetos que Gabi Mann ha recibido de los cuervos a cambio de la comida que ella les da. A lo largo de un par de años, Gabi ha creado con esos regalos de las aves una colección singular, que mantiene bien ordenada y clasificada en pequeñas bolsas y recipientes. Y su contenido es variado, según la BBC: botones, tuercas, clips, bombillas rotas, cristales de colores, incluso ocasionales piezas de bisutería, un pequeño corazón metálico y hasta una pequeña pieza de metal con la palabra “best” escrita en ella. ¿Que los cuervos le digan que es “la mejor” es mera coincidencia o una extraordinaria prueba de agradecimiento? No hay manera de saberlo, pero todo eso he llegado desde arriba, traído por las aves para recompensar el rito diario de alimentarlos que realiza Gabi.

A veces, palomas y ardillas llegan furtivas y se hacen de un poco de los manjares, pero –maleducadas- no aportan su parte, como sí hacen los cuervos.

Expertos en aves consultados por la BBC reconocen que entre los humanos y los cuervos no es inusual que se establezcan relaciones en las que existe una suerte de comunicación. Un libro reciente, titulado justamente “Gifts of the Crows” (Regalos de los cuervos), de John Marzluff y Tony Angell, documenta las peculiares interacciones entre los humanos y esas aves.

En el caso de Gabi y los cuervos esto ha llegado casi hasta asemejarse a una suerte de curioso restaurante campestre: la chef ofrece sus delicias y los clientes las consumen y pagan su precio. Es un negocio que vuela, literalmente.

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